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jueves, 16 de abril de 2015

#Confesión N°2.

Hace ya casi un año que falta en mi vida. Dolía en aquel momento, dolía porque la quería. Quería a aquella niña como si fuera mía. Pero hace mucho que no duele, ella misma hizo que dejara de doler. Consciente o no fue colocando un ladrillo cada día y, al cabo de muy poco, teníamos en frente un sólido muro. Pero cuando ella pudo verlo el cemento ya había secado y lo abrazaba una feroz enredadera. Era tarde, muy tarde. Mientras ese muro no nos llegaba ni a las rodillas era sencillo, pero me cansé de saltar. Pasó de la cintura y jamás lo volví a cruzar. Nunca me había dolido tanto una decepción como me dolió aquella, era mi vida. Tanto tiempo dando tanto y que tan rápido cae todo. Tanto tiempo huyendo del diablo cuando realmente lo tenía al lado. Tanto tiempo pensando si me equivocaba y yo era la culpable, que en realidad puede decirse que lo era. Me deje manejar demasiado, me conformaba con tan poco que para mi era tanto, me deje llevar por el amor. Hoy veo lo que dejé con ella, veo años de risas, pero también veo años de desesperación. Veo como he cambiado, como voy madurando y viendo la vida cada vez más clara. Te veo a ti, encasillada en tu juego de niña y llamándome culpable. Puedo ser borde, sabionda o dramática porque sé lo soy, pero nunca llegaré a ser tan hipócrita como demuestras cada día que eres. Y jamas podrás decir que te traicioné, que soy falsa o cualquier estupidez que se te pueda pasar por la cabeza, porque sé admitir mis errores y el único que he cometido contigo es haberte dado mi confianza. Ojalá nunca te quedes sola, porque verás el presente que tienes ante tus narices.

martes, 24 de marzo de 2015

La bestia.

Cuando pasa ya mucho tiempo, meses, años tropezando una y otra y otra y otra vez; cuando sientes que todo ese rencor, odio, retintín acumulado te corroe por dentro; cuando ya estas harta de que jueguen contigo a "piedra, papel o tijera", explotas. Todo tiene su límite establecido, todos tenemos nuestro límite y, cuando lo sobre pasamos, mejor huir. Chillar lo más fuente que nos permitan nuestros pulmones. Reventar nuestras cuerdas vocales. Correr hasta que se nos venzan las rodillas. No parar, ni regresar.. Hasta que todo adopte la normalidad que tiene que establecer.

lunes, 5 de enero de 2015

4 leyes de vida.

Primera ley: La persona que llega es la persona correcta. Es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

Segunda ley: Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido. Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el “si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra”. No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para aprender esa lección y seguir adelante, aunque mente y ego se resistan a aceptarlo.

Tercera ley: Cualquier momento que comience es el momento correcto. Todo comienza en el momento indicado, ni antes ni después.

Cuarta ley: Cuando algo termina, termina. Simplemente es así. Si algo terminó es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.


domingo, 5 de octubre de 2014

Perturbado.

Permanece en lo más tenebroso de él, recorre cada mililitro del espeso líquido color cereza de sus arterias. Del centro abajo, de abajo arriba y de arriba al centro. Cada pocos segundos. Bum. Y otra vez. Bum. Hierve con el pudor que siente al tenerlo tan cerca. Su aliento a menta, frío, eriza su piel, acelera la creación de dióxido de carbono. Una caricia en la oreja, en el cuello. Un "me encantas" tras un ligero beso en los labios. Roce tras roce el punto de ebullición se acerca. Nada ni nadie puede quitarle esa enorme sonrisa de los labios que aparece cada vez que lo mira.

domingo, 3 de agosto de 2014

Sin vista previa.

Es como un huracán, como un terremoto, igual que una estampida. Llega, pasa, y se va dejando detrás los restos de su paso. Una gran ciudad, un pequeño pueblo, un corazón. Igualmente se encuentran al mismo nivel tras un desastre natural. Me encuentro perdida, cegada por una niebla que no me deja ver lo que tengo de frente. No sé que debo hacer ante las dudas. Quiero seguir como hasta ahora, sin frenos, sin importar lo que queda atrás. Quiero sentir que cada decisión que tomo es la correcta y que siempre lo será. Encontrar la salida de un pasado oscuro y vivir sin reglas ni caminos de un futuro sin vista previa. Lo único que puedo decir es que sea lo que sea que me espera, siempre pueda quedarme con lo mejor.

viernes, 27 de junio de 2014

The end.


Hay que saber cuando decir basta. Cuando ya no te puedes dejar llevar más por algo que no te llevará a ninguna parte. Hay que saber poner la palabra fin al final de la hoja. Nunca había visto finales felices hasta ahora. Es el fin de una etapa de retención en mi misma, en mi pasado. Al fin dije adiós quemando recuerdos en la hoguera de San Juan. Y sin duda, ha sido lo mejor.